Hay algo que forma parte de mi trabajo y que no aparece en ninguna propuesta comercial, ni en mi portolio, ni en el programa de una formación.
Tiene que ver con las conversaciones.
A lo largo de los años he tenido la oportunidad de hablar con personas que desempeñan profesiones y responsabilidades muy diferentes a la mía. Directores de fábrica, responsables de seguridad, profesionales de recursos humanos, comerciales, ingenieros, mandos intermedios, emprendedores, docentes, responsables de calidad… Personas que viven realidades muy distintas y que afrontan retos completamente diferentes.
Es fácil rodearnos de personas que hacen lo mismo que nosotros. Compartimos un lenguaje común, preocupaciones parecidas y, muchas veces, las mismas soluciones.
Pero creo que el verdadero aprendizaje aparece cuando salimos de ese círculo.
Cuando escucho cómo toma decisiones un director de operaciones, cómo gestiona un conflicto una responsable de personas o cómo vive la presión un jefe de producción, empiezo a entender que no existe una única manera de trabajar, de liderar o de comunicarse.
Y eso cambia nuestra forma de mirar.
En mi caso, esas conversaciones han enriquecido enormemente mi trabajo como formadora.
Cuando entro en una sala ya no veo únicamente a un grupo de participantes. Veo personas con responsabilidades, preocupaciones y formas de pensar diferentes. Eso me ayuda a adaptar mejor los ejemplos, a hacer preguntas más acertadas y, sobre todo, a conectar con la realidad que viven cada día.
Muchas de las mejores ideas que he incorporado a mis formaciones no nacieron leyendo un libro o asistiendo a un curso. Surgieron durante una conversación tranquila, sin prisas y sin un objetivo comercial detrás.
Simplemente por la curiosidad de querer entender cómo piensan los demás.
Conocer personas con perfiles distintos no solo amplía nuestro conocimiento del mundo profesional. También nos ayuda a comprender mejor nuestras propias fortalezas, cuestionar nuestras certezas y a seguir aprendiendo.
Y quizá esa sea una de las mejores formas de crecer.
No solo como profesionales.
También como personas.
